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Hasta descubrir el secreto de la vida

Hasta descubrir el secreto de la vida Aunque Arminda Pérez Gómez ya tiene 59 años, de vez en cuando rememora sus juegos infantiles en los que no faltaban las suturas, las curas e inyecciones a sus muñecas. Y es que desde niña siempre deseó ser enfermera, y a estos fines ha entregado toda su vida.

Pausada, atenta, servicial, excelente comunicadora, es una mujer que siempre está lista para brindar apoyo emocional y profesional a quien lo necesite. Por esa razón desde el año 1969 se desempeña como enfermera y su casa es un permanente cuerpo de guardia de quemados.

Para quienes la conocen es muy normal que la llamen por el sobrenombre de Bixina, por todos los años de estudio e investigación sobre la bija amarilla para el uso en curas de quemados y otras dolencias.

En esta entrevista se devela a la Arminda madre, amiga, enfermera, profesora, investigadora… y aún faltan infinidad de aspectos que quedaron en el silencio .

“Nací en Minas de Matahambre. Aunque mi mamá no quería, siempre supe que iba a ser enfermera. Recuerdo que me escapaba para el hospitalito de ese poblado a mirar cómo hacían las curas, y eso me fascinaba y nunca me daba miedo ver una herida.

“Recibí el apoyo de mi padre, un amante de las plantas medicinales, y comencé los estudios en la escuela de enfermería Marina Azcuy. Presté mis primeros servicios con 16 años en el cuerpo de guardia de Minas de Matahambre donde aprendí mucho.

“Después pasé a laborar en el municipio de Guane en la especialidad de Quemados y a partir de ese momento nadie me pudo separar de este trabajo, tal es así que estuve años laborando en la sala de Quemados del hospital León Cuervo Rubio y posteriormente en el hospital Abel Santamaría, donde aún intento dar lo mejor de mí”.

¿Cuál es el principio fundamental de una enfermera?
“Yo creo que debe ser el respeto al paciente, esta es una labor que lleva mucha consagración, y no soporto que delante de mí se maltrate a nadie. Sensibilizarse con el dolor humano es lo más importante y un enfermero no puede perder la ternura, se tiene que sentir el dolor ajeno y ejecutando acciones es como se demuestra la profesionalidad.

“Hay que cuidar hasta los gestos, la mirada, los pacientes llegan aterrados a la consulta y la autoridad tiene que estar avalada por los buenos sentimientos, por eso siempre estoy enseñando a mis alumnos hábitos de educación formal y a desarrollar la sensibilidad hasta en los sanitarios en tiempo de guerra”.

¿Por qué realizas el estudio de la bija amarilla?
“Algunas personas oriundas del campo venían con quemaduras en las que se aplicaron bija y aunque existía infección notaba que estimulaba el tejido de granulación y el cierre de las quemaduras. Entonces recurrí a mi padre que me estimuló para que investigara sobre ese tema.

“Comencé estudiando el libro de Juan Tomás Roy sobre las plantas medicinales y a eso le siguió el estudio de esa planta por parte de un equipo multidisciplinario. A partir de ahí comencé a idear una fórmula para la cicatrización de las quemaduras y como resultado derivó una crema con la primera fórmula de un extracto de bixa orellana lim amarilla, que la denominé Bixina.

“Soy la jefa de este proyecto nacional y llevo alrededor de 16 años aplicándola con excelentes resultados y estoy en la fase del ensayo de irritabilidad dérmica en la Facultad de Ciencias Médicas. Son muchas las personas que me piden que concluya esta investigación pues es de gran utilidad, pero ahora sólo quedan detalles que son imprescindibles para la comercialización”.

¿Cómo es Arminda?
“Soy fiel a quienes quiero, y una mujer muy laboriosa, muestra de ello es que recientemente recibí el Premio Anual del Ministro. Me encanta la poesía, la música, soy una fiel oyente de Radio Guamá, adoro la Computación y acostarme tarde trabajando en mis investigaciones.

“He sido Vanguardia Nacional 15 veces, y en eventos nacionales e internacionales soy bien conocida, pero siempre la misma mujer sencilla.

“En cualquier momento voy a cumplir una misión internacionalista, pero será curando quemados en esos lugares apartados donde no llega nadie, donde no haya medios y pueda enseñar todo lo que aprendí en estos años.

“Hace algunos días, una estudiante boliviana de la Facultad de Ciencias Médicas de nuestra provincia, me dijo que en su país hay sitios en los que no existe ni la más mínima posibilidad de hacer las curas y que a ella le gustaría aprender mis técnicas para aplicarlas con esos seres necesitados. Le dije que le enseñaría todo, que contara conmigo, y es que adoro a las personas de buen corazón.

“Recuerdo con mucha emoción cuando me entregaron el Diploma de Honor en el Instituto Superior Pedagógico por el aporte dado en las investigaciones, allí estaban presentes doctores e investigadores, uno de ellos me dijo una frase que no olvidaré nunca: `Usted no lo recuerda pero hace años me trató con tanta delicadeza que fue capaz de cerrar una quemadura que era una caverna, y eso sólo se logra con amor´. Lloré de emoción y no necesito más méritos que ese”.

¿Tienes algún método para mitigar el dolor?
“El dolor físico sólo es posible mitigarlo con la palabra adecuada, el buen carácter a la hora de atender al paciente en la consulta, que esa persona sienta que en ese momento él es lo más importante, pero pienso que el dolor en el alma, ese que te hace decaer el espíritu, sólo se puede mitigar con el trabajo, y con el amor de quienes te quieren.

“Hace poco tiempo perdí a mi hijo de 22 años producto de un cáncer de colon, pertenecía al Equipo Nacional de Remo y era un joven maravilloso; moría yo lentamente viéndolo sufrir, pero es increíble la fuerza que él me daba hasta en sus momentos más difíciles, siempre me decía: ´mami atiende a todo el mundo pero hazlo al lado mío, no me dejes solo porque todos te necesitamos´.

“Creí que con él se había escapado mi vida, pero mi hija me ayudó a seguir adelante; vivo orgullosa de ella, y aunque es abogada le enseño las artes de enfermería para que esté preparada ante cualquier contingencia.

“También agradezco mucho a mis compañeros de trabajo, me hicieron sentir útil y regresé aquí, a la consulta externa de Quemados, a continuar aliviando las penas.
“Estoy convencida de que hasta la muerte estaré ligada a mi profesión, porque la amo y además porque mis hijos me pidieron que no dejara de hacer el bien, por eso también seguiré investigando, quien sabe si algún día descubra el secreto de la vida”.
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