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Un paso hacia la ternura

Un paso hacia la ternura

No es ternura el fuego de una pasión, sino la suavidad de una caricia. No es ternura el oleaje que se desborda, sino el beso del cielo con el mar. No es ternura la montaña que nos sobrecoge, sino la macetica de violetas africanas perfumando en la ventana, al estilo Katiuska. No es ternura lo grandioso, sino el detalle.

No es ternura lo que se da, sino lo que trasluce. No el sol que calcina, sino la luna embrujada. El fuego que abraza, sino el leño que se consume. No es ternura lo que sobresalta sino la insinuación.

La ternura vitaliza al viejo, duerme al niño, desarma al hombre. Parece por momentos olvidada, y hay que revivirla para hacer que la vida sea inolvidable.

La ternura parece pequeña y agranda el corazón. El beso sincero, el apretón cálido de manos, el abrazo inesperado, la mirada llena de cariño que dice: «¡Estoy aquí!» La ternura es frágil. En los niños abunda. La caricia no reclama caricia. Crecemos y olvidamos. Intentemos revivirlas. Está en las pequeñas cosas cotidianas.
(anónimo)

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