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Oasis

Laurita lloró toda la noche, en aquel reguero de colchones, útiles de cocina y ropa por doquier no lograba encontrar su muñequita. Buscaba entre bultos de ropa, y debajo del desbaratado escaparate encontró su chupete pero de su juguete preferido nada...

Casi a las seis de la tarde llegaron los reporteros de Guerrillero al municipio de Los Palacios. Santiago Calero captaba con su lente escenas deprimentes, en las que la desolación pulula. Parecía como si Macondo se hubiera instalado en este poblado, con su lluvia interminable de cuatro años y seis meses, pero esta vez con un huracán de sufrimiento.

Mientras la periodista Daima entrevistaba a vecinos del lugar, recogía datos de los daños provocados por Gustav, llamó su atención un juguete casi oculto por la hierba, y pidió a Calero una foto de ese “hallazgo” sin imaginar siquiera que por ella sufría una niña.

Por estas cosas del destino y de las casualidades, mientras Calero mostraba los destrozos que atrapó su lente, Laurita vio la foto en la pantalla de la cámara digital y dio tantos saltos de alegria que acudieron sus padres. Lo demás es fácil de predecir.

Lo cierto es que fue hermoso ver sonreir a una niña después de tanto llanto, su corta edad no la llevaba a comprender que existían pérdidas mayores, pero resultaba  un augurio de que después de la tristeza debe venir la  alegría.

 

 

 

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