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Gran familia con un interés común

Gran familia con un interés común



Cuando comenzaron a deteriorarse las condiciones climáticas por la cercanía del huracán Ike al territorio vueltabajero, ya los 4 098 habitantes del poblado de La Coloma estaban protegidos en diferentes escuelas de la provincia. Las restantes 579 familias encontraron refugio en casas de familiares, amigos y vecinos.

Pasadas 72 horas todos están en casa, felices de estar vivos, apoyando las labores de recuperación, y laborando con nuevos ímpetus en sus centros de trabajo, pero un equipo del periódico Guerrillero creyó importante dejar constancia de la estancia de los evacuados en el instituto vocacional de ciencias exactas Federico Engels y la Escuela de Instructores de Arte.



UNA GRAN CASA PARA UNA GRAN FAMILIA

Los pobladores de La Coloma tienen sobrada experiencia de cómo actuar ante los embates de la atmósfera y conciencia de que lo importante es salvar las vidas. Por esta razón aulas y albergues de la “Federico Engels” e Instructores de Arte fueron habilitadas para que niños, jóvenes y adultos encontraran refugio seguro.

En el puesto de mando Mercedes Machín, secretaria del Consejo de Defensa de La Coloma, informó que en la Vocacional se encontraban 441 familias, con 1 803 personas, de ellas 278 niños y 19 embarazadas. En Instructores de Arte hacían estancia 206 familias, con 1 136 personas, incluidos 31 lactantes, 198 niños y cinco embarazadas.

Para la transportación se utilizaron 55 ómnibus que dieron 165 viajes desde el poblado costero hasta los centros estudiantiles; y con la experiencia acumulada de ciclones anteriores, quedaron todos los medios protegidos, los animales evacuados y una patrulla de orden interior recorriendo todas las zonas.

Se crearon cinco grupos de apoyo para confeccionar la comida, se habilitaron los cuatro comedores, 30 médicos se rotaban diariamente por el hospitalito y como una nueva experiencia los estudiantes de Medicina de sexto año prestaron sus servicios en el puesto de mando creado en la escuela.

ENTRE ANÉCDOTAS

Luis Alberto Fernández, presidente de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana en La Coloma, y Dora Millart, directora de recursos humanos de la Pesca en ese territorio, nos sirvieron de guías en el recorrido que mostró a personas deseosas de llegar a sus casas pero complacidas ante las atenciones, el buen trato y los recursos puestos en sus manos.

A Celia Cruz Madera (limitada física) la encontramos frente al plantel y sus palabras traslucían optimismo: “Me parece una excelente idea ser trasladados fuera del peligro. Esta Revolución es muy grande, aquí tenemos desayuno, almuerzo, comida y meriendas gratis, sin mencionar todo el resto de las atenciones que recibimos”.

Por su parte, Yaíma Hernández con su hija de un año se refirió a que siempre es desolador el panorama después del paso de un ciclón, pero tranquiliza el corazón saber que tus seres queridos están protegidos. “Yo soy trabajadora social y mi labor es atender a los necesitados pero en esta ocasión soy yo la que recibe todos los beneficios; es importante destacar cómo aquí los diabéticos reciben una atención especial, tanto en la alimentación como en la atención médica”.

Lázaro Borrego es un pescador muy conocido en La Coloma, ahora en tierra firme se siente como pez fuera del agua pero expone satisfecho que la flota completa quedó bien resguardada en el río.

“Aquí las atenciones son inmejorables, sólo afectó la escasez de agua pero se las han ingeniado muy bien para resolverlo. Antes íbamos para los pre de Troncoso, ojalá no haya más ciclones pero si los hay que nos traigan para acá, pues el colectivo del plantel son gente realmente maravillosa. Me siento bien aquí y agradezco a todos, pero estoy loco por regresar, hay mucho por hacer, el plan del bonito y el de escamas están en peligro”.

Ernestina Cruz no olvidó traer con ella a su perrita Donand, que tiene 15 años y fue la atracción de todos los niños pues baila, se sienta en las paticas traseras, y hace mil piruetas que atrae a todos.

Los pasillos de la escuela, repletos de jóvenes, se prestaban para hacer cuentos, jugar dominó, enamorarse, y en los albergues hasta la familia de Zenaida Cánova se mostraba tranquila aunque tenían una bebé que lleva atenciones especiales.

“No tenemos quejas, lo difícil es mantener limpios los pañales pero Rocío ya ha pasado dos ciclones, su nombre está bien puesto, no le teme a estar salpicadita por el agua, aunque no lo sabe hay mucha gente trabajando para que a ella no le falte nada”.

La solidaridad y el amor primaron en todos los que colaboraron en la atención a los evacuados. Mediante tickets las familias recibían la comida, que en algunos casos llevaban para los albergues y en otros la consumían en los comedores, y aunque se presentaron dificultades para la cocción de los alimentos por la falta de agua, se previó hasta el último detalle para que nadie quedara sin recibir la cuota correspondiente.

Ya casi al retirarnos conocimos a la familia de Dora Millart, mientras conversaban tranquilamente en una de las aulas convertida en hogar, y se escuchó la voz de Zenaida Valdés, quien con sus 88 años y una memoria increíble aseveró: “Aquí estamos encantados, por eso mis ocho hijos tienen que hacer mucho por esta Revolución. Siempre les recuerdo el ciclón del año 44, fue terrible, amarramos la casita con sogas y nosotros batallando para que no se la llevara. A mis hijos los tuve que meter en un corral de animales que era donde único había un poquito de seguridad. Ni hablar de comida y la oscuridad daba miedo. Por eso, cuando percibo tanto derroche de atenciones tengo que agradecer estar viva para ver cuánto hemos adelantado.

“Ya en casa recordaremos lo vivido aquí como cosas pasadas, pero es importante que quede bien grabado en la memoria colectiva”.

 Por María Isabel Perdigón

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